Paul Gauguin a finales del siglo XIX, inmortalizo en
sus pinturas los paisajes y las mujeres de Tahití, desde entonces,
esta isla, perteneciente a la Polinesia francesa es sinónimo de
paraíso, soñado por gran parte de los viajeros de Occidente.
Tahití es la más grande de las islas de un archipielago
que como contraposición, también, tiene a las más
pequeñas, Moorea y Bora Bora, igual de fabulosas.
Papeete, la capital de Tahití, es la puerta de
entrada, la ciudad tiene un museo donde se narra la historia de esta parte
de la Polinesia, su centro tiene coloridos mercados donde podemos probar
frutas deliciosas junto a pescados de nombres insólitos o comprar
un tradicional pareo.
Papeete se encuentra conectada con Moorea por medio de
un moderno catamarán. Cuando se trata de calificar un destino,
la palabra paraíso es usada con mucha facilidad, el caso de Moorea
no tiene un ápice de exageración. Montañas con exhuberante
vegetacion precipitándose al mar, cabañas montadas sobre
pilotes que parecieran estar flotando sobre las cristalinas aguas del
Océano Pacifico, y gente, gente tan servicial y amable que no nos
parecerán reales. Por si fuera poco, las islas cuentan con una
gran tradición gastronómica que combina sabores locales
y franceses.
Playas de finas arenas blancas, collares de flores
de bienvenida, selvas vírgenes, volcanes, junto a resorts
con lujo polinésico y alojamientos también baratos
conforman un paquete de atractivos turísticos en esta isla
de ensueño.
Vídeo sobre Tahití
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