El Queso Francés
Francia siempre fue y lo es actualmente productora
de más de 400 variedades de quesos, denominados genéricamente
“fromage”. De leche de cabra, vaca o de oveja, siempre
han sido una tentación para los paladares. Aquí
les cuento sobre sus variedades y como acompañarlas con
un buen vino.
El Gourmet Viajero, en su estadía en Paris
disfruta mucho de sus recorridas a orillas del Sena, recorrer
la calle de la Bonne, en Montmartre, pero sabe muy bien que no
puede pasar una hora sin sentarse a disfrutar de algún
que otro queso, de esos como es bien sabido tienen mas de 400
tipos que genéricamente se denominan “fromage”.
Esta palabra tiene su origen en el griego formos (cesto) y del
latín forma (la forma) y que designa este producto francés.
Ya sean de leche de vaca, de cabra o de oveja,
ver el queso francés distribuido en las
heladeras o los mostradores, se le ocurre al Gourmet estar frente
a la obra de un reconocido artista francés. Sus diversos
colores compiten con la gama de consistencias, sabores y aromas,
todos y cada uno detalles que hacen a un buen queso. Estas cualidades,
cada una de ellas, maduran en un largo proceso que tiene su inicio
en el cuajado; después, esta masa es sometida a manipulaciones
determinadas (mezcla, corte o prensado) que favorecen el “desuero”
de la leche. En una tercera etapa, el moldeado, que es cuando
se vierte la cuajada en un molde perforado, en algún caso
se prensa también, en otros moldes.
El salado, es la etapa posterior, que obviamente
implica el agregado de sal; pero también, según
que tipo de queso sea, se suele sumergir la masa en salmuera.
El queso, es transportado finalmente, a cuevas donde permanece
durante un periodo prolongado según sea el tipo de producto,
durante el tiempo que dure este periodo recibe cuidados de señorita
quinceañera: son dados vuelta, lavados y cepillados con
regularidad. Es lo que denominan sus fabricantes “el afinado”.
El Gourmet piensa que tener este conocimiento
agrega poco y nada al placer de disfrutar de sus sabores, pero
considera de vital importancia poder distinguir de entre una larga
variedad, aquellos que mejor van con su paladar.
Los quesos de pasta blanda con la corteza enmohecida,
que son casi un modo de vida francés, se encuentran recubiertos
con un moho blanco que denominan “flor”. Cuando son
partidos, se puede reconocer en su pasta suave y untuosa, de un
color amarillento pálido, un queso que esta en “su
punto”. No siempre, su penetrante fragancia puede ser disfrutada
por todos.
Compiten en belleza y fragancia, el Brie, el
Chaource y el Neufchàtel. Aunque, es de entender a aquellos
que prefieren el minúsculo Saint-Marcelin o ese queso pequeño
y cuadrado llamado Carré de L’Est, que suelen acompañar
con un vino tinto ligero, del tipo Saint-Emilion.
Los de pasta blanca con corteza lavada son piezas
con aspecto liso y brillante y de un color entre amarillo y rojo
anaranjado. Más anchos que los anteriores, al ser lavados
con agua tibia salada aceleran la formación de una corteza
suave que acentúan los sabores.
De esta familia, se pueden reconocer entre otros,
el Martilles, el Epoisses, el Mont d”Or, el Pont l’Evéque
y el Munster. Son recomendables para ser comidos luego de una
comida fuerte o picante, se los debe acompañar con un vino
de cuerpo y alma.
A veces, nos podemos deleitar con la suavidad
de un queso tradicional, como lo son los productos de cabra. Se
los reconoce porque suelen resultar mas blandos, pueden estar
espolvoreados con hierbas aromáticas o envueltos en hojas
de parra. Su sabor y consistencia suave y homogénea varían
ligeramente si es un queso puro de leche de cabra, o compuesto,
mezcla de leche de vaca y cabra. Se los suele ver servidos en
tablas de quesos, aunque, el Gourmet Viajero los prefiere acompañando
una ensalada.
Los famosos quesos azules, tienen otro destino
reservado, el más clásico ejemplo es el Roquefort.
Pero Francia encierra muchas sorpresas en esas amarillentas masas
que desprenden olores profundos y brotes violáceos, que
son ideales para disfrutar en tablas de quesos acompañados
con pan de nueces o de pasas y un vino rojo y generoso.
Otros quesos azules y, solo por recordar y suspirar
algunos nombres, me llegan a la mente el Bleu de Gex, el Bleu
d’Auvergne, el Fourme d’Ambert o de Montbrison.
De un viaje por la campiña, no podemos
dejar pasar la tentación de dos productos más franceses
que la mismísima Marsellesa (el himno nacional). En esta
región, se puede probar los llamados quesos de pasta prensada,
el Cantal o uno que se lo conoce como Queso de los Pirineos, bajo
su dura corteza se esconde una pasta tierna y consistente con
un sabor muy suave. Se lo puede elegir para un buen desayuno,
pero sin negarle una oportunidad para un aperitivo regado con
vinos frutados.
Los quesos de pasta cocida, son los que han tenido
mayor difusión por el mundo. El de agujeros delicados,
el Gruyère, el Emmental, de agujeros significativos y el
Beaufort, solido y compacto, proceden de la región de los
Alpes. Se los puede reconocer por su tamaño muy grande
y también, por su corteza clara y pasta amarilla. Son acompañantes
predilectos de las pastas, risottos y pastas salteadas. Se los
suele acompañar con vino tinto seco.