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El origen del café
Se puede asegurar casi con total certeza que el
café tiene sus orígenes en la Alta Etiopía,
más precisamente de la región de Kaffa, de donde seguramente
puede provenir su nombre. Varias son las leyendas gestadas sobre
su descubrimiento, el Gourmet Viajero
prefiere inclinarse en aquella que relata la experiencia no falta
de sorpresa que vivió un joven pastor >Kaldi< cuando
descubrió el efecto que provocaba en su rebaño la
ingesta de un arbusto desconocido que crecía silvestre en
las montañas.
Parece ser, que luego de probar el pequeño fruto colorado
del cafeto, las cabras pasaban cierto tiempo en un estado de excitación.
Kaldi, intrigado por tal hallazgo decidió probar el mismo
y, luego de hacerlo, lo invadió una sensación de excitación,
júbilo y energía. Parece ser que con anterioridad,
un incendio accidental había quemado una parcela de esos
arbustos y el ambiente se vio impregnado de un agradable aroma,
producto del tostamiento de las bayas. El resto ya se sabe, el café
se convirtió en una de las bebidas predilectas. El Gourmet
puede imaginar como habrá sido el sabor de aquellos primeros
cafés, también es consiente que los métodos
para su preparación han tenido una larga y amplia evolución.
El cafeto paso de Abisinia, donde florece naturalmente a Egipto
y desde ahí inicio un largo recorrido que lo llevo a conquistar
el planeta. Primeramente arribo en Venecia, donde luego de afianzarse
inicio la conquista del continente europeo.
El método para preparar un buen "café expreso"
es aquel que permite extraer las mejores propiedades del café,
lo que le confiriere ese sabor y aroma inconfundibles. El secreto
reside en cuatro reglas de oro: la mezcla base (el grano) que debe
ser de calidad; será necesario contar con un molinillo que
muela y dosifique la cantidad justa de café; resulta también
imprescindible el empleo de una máquina especial (la cafetera
exprés), ese artefacto que fuera perfeccionado en 1946 por
el italiano Achilles Gaggia y por último, se requiere la
pericia del barman cumpliendo al pie de la letra con todas las fases
del procedimiento.
El Instituto Nacional del Expreso Italiano ha conseguido recientemente
la certificación del método como marca registrada.
Esto no es más que el fruto de una tradición y un
know-how que han diseñado los rasgos distintivos del producto,
el Expresso Italiano debe respetar estos preceptos que garantizan
la autenticidad de una infusión preparada y servida en todo
el mundo.
Es en Italia donde se pueden encontrar la mayor cantidad de tipos
de cafés preparados. Estos van desde el clásico hasta
variedades como lungo, shakeratto, caffe late, correto, macchiato,
cappuccino, doppio, mocaccino y mocca, entre muchísimos otros.
La palabra capuchino, por ejemplo, proviene de la semejanza entre
el color de este café y el de los hábitos de los monjes
de esa orden. El tradicional, por su parte, se caracteriza por una
capa espumosa y dorada llamada crema, que se logra por la presión
de vapor de la cafetera. El Gourmet Viajero lo reconoce de inmediato
por su cuerpo y cremosidad inconfundibles. Otro de sus preferidos
tanto por su sabor como por su aspecto es el latte macchiato (café
con leche manchado). Esta variedad se consigue al "marcar"
una medida de leche al vapor con otra de expreso, lentamente vertido
sobre la espuma de la leche en el costado de un vaso transparente,
produciendo así un llamativo efecto de "capas":
como además lleva una pizca de licor de café y otro
ingrediente secreto, en la copa pueden distinguirse cuatro colores
que no se mezclan.
El Gourmet bien sabe que, si en Italia pide un café, sin
dar más detalles, le servirán un ristretto, elaborado
con la mitad de agua pero la misma porción de café
de un expreso. El resultado es una tacita pequeña de café,
fuerte y concentrado. Para un sabor menos contundente, hay que pedirlo
americano o lungo. Lo servirán suavizado, con una jarrita
de agua caliente.
Debido a la infinidad de tipos que están surgiendo en el
mercado, así como a la proliferación de cafeterías,
en Europa ha comenzado a hablarse de La Revolución del Café.
Ya hay toda una cultura desplegada en torno a la taza. Por un lado,
la misma rigurosidad que siempre se impuso a la hora de seleccionar
un buen vino se exige ahora también en el momento de elegir
un buen café; por otro, la costumbre europea de ubicar material
de lectura en los cafés se afianza cada vez más. Los
cafés literarios son comunes en todas las ciudades.
El escritor norteamericano Herman Melville concibió para
su más famosa novela —Moby Dick— el Capitán
Starbuck un personaje adicto al café. El Gourmet no puede
dejar de asombrarse con la siguiente coincidencia: originaria también
de Estados Unidos, una de las cadenas de cafeterías más
grandes del mundo lleva precisamente ese nombre. Como el capitán
que a fuerza de cafeína se enfrenta a la ballena blanca,
Starbuck's se impuso en el mercado mundial. En la actualidad cuenta
con 7.000 locales en 31 países, donde ofrece 27 tipos diferentes
de café con un promedio de 23 millones de clientes por semana.
Es que tanto la literatura como el café son verdaderas pasiones.
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