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Lugares prohibidos
Por motivos difíciles de explicar, pero
fáciles de entender, el Gourmet Viajero viene observando
que actualmente parece que el mundo corre la cortina a sus secretos,
dejando al descubierto cosas explicitas, sabidas por todos, pero
nunca develadas, misterios que asoman a la luz, bajo una moderna
mirada. De cárceles antiguas y barrios peligrosos a catacumbas.
Los chinos se impusieron durante siglos, mantener alejado del pueblo
a la autoridad de sus emperadores. Al igual que todos, el Gourmet
sabe que la revolución de Mao echó por tierra la divinidad
antiquísima de la Ciudad Prohibida, derribando sus muros
y por estos días es patrimonio de todos. Estas últimas
décadas, una avidez por lo nuevo y a la vez extraño
a terminado por generar un excelente negocio alrededor de “esos
lugares prohibidos”, o no recomendados para “turistas
convencionales”. Cárceles, catacumbas, hospicios, hospitales
en desuso, calles “rojas” o barrios bajos que casi toda
ciudad tiene, se ofrecen al turista del nuevo milenio.
El Gourmet, con su conocida pasión
indagadora, degusta de esos lugares “prohibidos, sin herir
sensibilidades, que le ayudan a conocer, entender y hasta justificar
el espíritu humano. Se ve sorprendido en Capadocia, Turquía,
por lo que es una verdadera ciudad subterránea, las casas-cuevas.
Descubiertas hace poco tiempo, se encuentran sumergidas 40 metros
y tienen 20 niveles subterráneos. Se pueden visitar los ocho
niveles superiores, el resto está obstruido parcialmente
o reservado para los espeleólogos.
Llamativamente, otros lugares que jamás estuvieron prohibidos,
en estos últimos años han ido entrando en una suerte
de índex por los daños que están sufriendo.
En Burdeos, Francia, Puerto de la Luna se encuentra en observación,
al igual que Machu Picchu en Perú, donde por causas de la
deforestación, un desarrollo urbano sin control y los accesos
ilegales, se encuentra amenazado.
Algo que realmente resulta llamativo es que lugares como la antigua
Cárcel de Alcatraz, en medio de la Bahía de San Francisco,
Estados Unidos, será convertida en hotel. La cárcel,
es considerada la segunda atracción turística de la
ciudad, detrás de los tranvías, en poco tiempo los
viajeros con deseos de experiencias extremas podrán hospedarse
en la mítica Roca, sentir el ruido siniestro del cerrar de
sus cerrojos y vivirlos como una experiencia novedosa.
El Gourmet prefiere ir a husmear por otros lugares. En Roma, el
Palacio Corsini, es una de las más bellas construcciones
con las que nos podemos topar en la ciudad eterna. Fue construido
en el siglo XV, actualmente alberga mas de 300 obras de arte de
Caravaggio, Murillo, Rubens y Fra Angélico. Este castillo
es privilegio para sólo 50 visitantes cada día. Una
curiosidad es la segunda mayor iglesia de Paris, Saint Sulpice,
todos saben que Notre-Dame tiene el privilegio de ser la mayor.
La iglesia era un lugar público, pero después de que
Dan Brown la incluyera en El Código Da Vinci. Esto motivó
que las visitas se vieran limitadas porque el público se
volcó masiva e irrespetuosamente a conocerla.
Si de visitar excentricidades se trata, El Gourmet prefiere una
recorrida por lugares secretos, casi prohibidos, como lo son las
casamatas subterráneas de Maastricht, unos refugios de hormigón
cuatro metros debajo de la superficie. En gran parte, la red es
inaccesible, sólo es posible visitar un tramo en el bastión
Waldeck, quedando el resto para la imaginación.
Los turistas que llegan a Rio de Janeiro, Brasil, desde hace un
tiempo pueden visitar las tristemente famosas favelas. De calles
laberínticas y empinadas, se las conoce desde siempre emparentadas
con el delito y demás males. Estas “excursiones permiten
ver niños jugando en sus calles, que las casas tienen una
estética bien cuidada, que son autenticas comunidades. El
buen ojo del viajero, debe abstraerse de los prejuicios y ver más
allá de lo pintoresco.
Al otro lado del Atlántico, nuevamente en Paris, los cementerios
como el de Montmartre, el Père Lachaise o el Montparnasse,
durante décadas estuvieron prohibidos, por estos días
representan la bohemia parisina, esa que secretamente todo viajero
romántico anhela. Por capricho, por pudor, tal vez por costumbre,
destinos prohibidos pero con una belleza tan particular que emociona
y conmueve. Difíciles de explicar, pero fáciles de
entender.
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