Krapfen, Berlinesas y los Xuxos
Son un clásico de la pastelería
mundial. Desde las krapfen procedentes de Alemania
a los Xuxos fritos de Galicia, se modifican algunos
ingredientes, se incorporan diferentes técnicas y se las
rebautiza con diferentes nombres, pero en el fondo son la misma
delicia.
Decir que Europa tiene una gran tradición
pastelera, es no descubrir nada nuevo. Que esta pastelería
adquirió sello propio en los diferentes países,
sobre todo de América y muchas veces de manera curiosa,
tampoco. Se han visto modificados muchos de sus ingredientes,
se han cambiado algunas técnicas y, por supuesto muchos
de estos postres se vieron rebautizados.
El Gourmet Viajero
tiene conocimiento que por el sur de Alemania y Austria existen
los krapfen, que son una masa frita rellenas con algún
dulce de frutas y además de delicadas son deliciosas. La
traducción de la palabra podría ser “redonda”
y es aplicada a diferentes delicias de la pastelería, como
unas rosquillas fritas o churros. Estas delicias fueron introducidas
en algunos países de Latinoamérica por la inmigración
y fueron tomando denominaciones y características particulares.
En tierras de Argentina se las conoce con tres
nombres, el primero y el más recatado es “berlinesas”
en clara referencia a su lugar de origen. Otro nombre muy popular
es el de “bolas de fraile” y el tercero y que no es
necesario explicar por que, es “suspiro de monjas”
al que el saber popular le da cierta connotación sexual.
Se las come rellenas de “dulce de leche” una delicia
autóctona y es muy difícil encontrar persona a la
que no le guste este dulce hecho con leche azúcar, un toque
de esencia vainilla y paciencia.
El Gourmet pudo investigar que tanto austríacos
como alemanes usan el vocablo krapfen como el nombre genérico
para todas las masas dulces. En Argentina, se lo ha reemplazado
por “facturas” y en Uruguay, “bizcochos”.
Pero el mencionado krapfen, en ambas orillas del Rio de la Plata,
es conocido con el vulgar nombre de “bolas de fraile”.
Cruzando la Cordillera de Los Andes, en Chile reciben el nombre
de “berlín o berlinés”, en Venezuela
se las conoce como “bombas”, las hacen rellenas de
abundante crema pastelera y espolvoreadas con azúcar.
Esta delicia no posee demasiados secretos, pero
la consistencia y los sabores verían bastante si se desconoce
el punto exacto de cocción, ya que toda fritura tiene su
secreto. Harina, leche, manteca, huevo, levadura, ralladura de
limón, esencia de vainilla y una pizca de sal dan lugar
a una masa compacta que se redondea para darle la forma de autentica
de una berlinesa. Se las fríe en abundante aceite de maíz
o girasol, una vez doradas se las debe escurrir y luego espolvorearlas
con azúcar impalpable o común. Como no podía
ser de otra manera existen otras versiones, algunas parten de
una masa liquida que con la ayuda de una cuchara se deposita en
el aceite caliente. Algunos países europeos la masa es
estirada, luego se la corta en cuadrados, les colocan el dulce
y luego se las cierra como una bolita. En Austria, el la región
montañosa de Tirol, próxima a la frontera con Italia
siguen con este procedimiento, la diferencia la da las 2 cucharadas
de aguardiente que agregan a la masa.
En España se pueden saborear unos bocadillos
que no envidian para nada a la pastelería centroeuropea,
los “xuxos”. En Galicia ofrecen estos “xuxos”
fritos, que rellenan con mermelada de manzana o fresas. Tienen
la particularidad que los fríen en aceite de oliva.
La zona de Girona tiene su variante, el llamado
“xiuxo”, se parecen a lo que en Valencia llaman “susú”
o “xuxú”, la masa recuerda a lo que en Estados
Unidos conocen como “donuts o donas”, y que Homero
Simpson ha hecho su manjar predilecto.
Sin importar la variedad, el origen geográfico,
las versiones diferentes y los nombres curiosos, los “krapfen”,
las “bolas de fraile, los “xuxos”, todos coinciden
en tres atributos básicos: son una delicia, dejan nuestros
dedos pegajosos y jamás lograran ser doblegados con cualquier
propuesta light.