Encantos Parisinos
Un histórico e insospechado mundo maravilloso
de la capital francesa. Anticuarios, viejos oficios, personajes
y lo que nunca puede faltar, los cafés. Curiosidades por
un circuito de galerías y pasajes que se extienden por
Paris.
Recorrer los pasajes cubiertos de Paris, nos
permite percibir una verdad cargada de tiempo. Estos lugares resguardan
en el silencio de sus pasillos los pliegues del pasado. Pasillos
estrechos bajo una luz que se cuela por sus altas estructuras
de hierro y vidrio.
Son galerías diseminadas por distintas
zonas de la ciudad, construidas en la primera mitad del siglo
XIX, especialmente en la Zona de los Grandes Bulevares próximos
al Palais Royal, y en el barrio contiguo a la Bolsa de Comercio.
Estos pasajes revelan la existencia de otra ciudad, una ciudad
congelada en el tiempo. El pasado, allí huele a museo de
cera, a estampillas, postales y libros antiguos o a muñecas
de porcelana.
Muchas galerías aún se conservan
y bien podemos perdernos en ellas respirando el clima del Paris
de hace casi 200 años. Al igual que bazares orientales
estos pasajes con enormes vidrieras surgieron como lugares donde
los comerciantes ofrecían sus mercancías al resguardo
del transito fabril que la ciudad comenzaba a mostrar. La llegada
de las grandes tiendas los fue desplazando en las preferencias
del público en general y los alcanzo la decadencia. Hoy
sobreviven en el lugar los oficios que al igual que estas galerías
van quedando en desuso: restauradores y coleccionistas de muñecas,
vendedores de incunables, fabricantes de sombreros y bastones,
expertos en cajas de música.
Los franceses emplean un verbo que no tiene traducción:
“flaneur”. El termino es aplicado a los individuos
que dedican su tiempo a vagar por las calles sin rumbo fijo, a
curiosear entre los objetos, a capturar os pequeños e insignificantes
detalles del paisaje urbano. La palabra toma un especial significado
en los pasajes cubiertos donde el “flaneur” se deja
perder entre antiguas cámaras de fotos, mulecas de porcelana,
monedas, estampillas, postales, figuras de cera y libros de otras
épocas.
Para Curiosos
La Galería Véro-Dodat (1826), ubicada
en el 19 de la rue Jean-Jacques Rousseau es un buen lugar para
que un “flaneur” inicie su viaje, aquí quedara
deslumbrado por el lujo de sus mármoles y espejos, las
vidrieras de madera oscura o el techo ornamentado con pinturas
enmarcadas por molduras de oro. Podrá conocer y visitar
la boutique de muñecas de Robert Capia o tomarse un café
o un té en el Café de lépoque, que solía
frecuentar el escritor Gérard de Nerval.
Bien podría continuar su travesía
por la Galérie Vivienne (1823), la más elegante
de París, en el 4 de rue des Petits Champs. En este lugar
quedara maravillado frente a las vidrieras semicirculares con
sus vidrios repartidos, o las columnas ornamentadas y su rotonda
con esculturas de diosas y ninfas. Otra opción es la de
hojear libros antiguos o tomar un chocolate caliente en L'A Priori
Thé.
La galería que está enfrente, Galérie Colbert
(1826), con su gran cúpula vidriada de 15 metros de diámetro
y su plazoleta donde, en otros tiempos, supo ser punto de reunión
de las prostitutas.
La pequeña ciudad del siglo XIX constituida
por los pasajes Verdeau, Jouffroy y des Panorams, al abrigo de
la ciudad que ajena se desplaza por el Boulevard Montmartre. En
el pasaje Jouffroy te encontrarás con negocios de venta
de postales antiguas, un comercio de venta de bastones de colección
y varios comercios de pequeños adornos. En el mismo pasaje
podrás visitar el Museo Grévin con sus figuras de
cera y el Hotel Chopin. El pasaje Verdeau alberga antigüedades,
diarios de época y una boutique Kodak de 1901 que vende
cámaras de fotos antiguas.
El pasaje de los Panoramas (1834), debe su nombre
a las inmensas telas pintadas en las que se representaban paisajes
desconocidos para los parisinos. Allí está el restaurant
Les Coulises, un teatro de variedades y locales para coleccionistas
de libros y postales antiguas.