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El Agua
Insípidas, inodoras e incoloras mucho menos
de lo que se pensaba, las aguas minerales hoy convocan a los catadores.
El Gourmet no puede dejar de recordar los años de escolaridad,
cuando la maestra enseñaba que el agua tenía esas
tres virtudes. Pues, parece que hoy eso ya, no es tan así.
La cata de agua es definitivamente una actividad
impuesta entre paladares exigentes. Ya no se trata de té
o alguna bebida alcohólica. Por estos dias esta de moda catar
agua.
Hay países, como Italia, donde existen desde
hace años grupos que se reúnen para realizar catas,
tal el caso de la “Asociación de Catadores de Agua
Mineral” que tiene como lema (y por cierto muy discutido)
“Se puede vivir sin vino, pero no sin agua”. A estas
personas no va a resultar muy fácil convencerlas de que solo
existen dos clases de agua, con gas y sin gas. Casi con seguridad
replicaran que el agua mineral tiene, o no, sodio, calcio, hierro,
flúor, efervescencia natural y, como si todo esto no alcanzara,
también posee cuerpo, sabor, color y deja huella en el paladar.
Escuchar todo esto nos obliga a pensar que tantos años de
enseñanza no sirvieron de mucho, la información brindada
no se ajusta con la actual realidad acuífera.
Esta costumbre por beber agua
mineral tuvo sus comienzos en el pequeño pueblo del sur de
Francia, Evian, donde actualmente se encuentra instalada una de
las mas grandes plantas embotelladoras de agua del mundo. El Gourmet
comprende, que entre las características de estas aguas deben
figurar efectos favorables para la salud. Por lo que nunca esta
de más verificar que cantidad de magnesio, calcio o sodio
tienen entre los otros tantos minerales, que el agua posee. Esta
información debe estar aclarada en la etiqueta de cada botella.
Es imposible no pensar que, lo que comenzó
como una moda, al tiempo se transformo en un mercado enorme que
no deja de crecer, generando nuevos sabores. Entre las más
sofisticadas tendencias se encuentra el agregarles vitaminas, diferentes
sabores y hasta, incluso oxígeno. Estudios de mercadeo depararon
sorpresas, llegando incluso a lo relacionado con el embotellamiento:
En España, prefieren en envase plástico, mientras
que países como Alemania o Austria, se inclinan por botellas
de vidrio retornables. El Gourmet, elije este último material,
debido a que las aguas envasadas en botellas plásticas y
que están sometidas a los rayos solares o bien almacenados
durante algún tiempo, encontró que el plástico
dominaba el sabor.
El Gourmet, tuvo oportunidad de ver a un grupo
de catadores de aguas en plena tarea. Lo primero que hicieron sus
integrantes fue introducir la nariz en altas copas de cristal, esas
de tallo largo. Pasando luego a tomar un sorbo y paladear el agua.
Ellos son conocedores de que existen diferentes tipos de tierra
y zonas y climas diferenciados, por lo que debe haber clases de
agua diferentes. El agua mineral brota de su manantial y debe conservar
sus cualidades minerales y biológicas (sabor, color, olor,
turbidez o sedimentación), el agua de manantial tiene que
tener las mismas definiciones que la anterior, pero con menor riqueza
mineral. Por otra parte, el agua potable es de cualquier origen.
Para garantizar su estabilidad bacteriológica es tratada.
Toda cata de agua para contar con cierta seriedad
debe hacerse en un lugar de temperatura entre 20 y 22 grados, con
una humedad de entre el 60 y 80 por ciento. La duración por
cata es de cinco segundos, al tiempo que con la vista se percibirán
la limpidez, transparencia y opacidad del agua. Y, con ayuda del
fino olfato, los componentes aromáticos y si existieran,
sus defectos. El catador
de agua necesita tener una capacidad y sutilidad muy superiores
de quienes prueban los vinos y tés. A la hora de elegir una
comida, un agua desmineralizada da mayor sensación de frescura
en la boca, eso si, es practicamente insípida, como nos enseñaron
las maestras.
Así como los camareros ya ofrecen que agua
tomar de acuerdo al plato, serán cada vez mayor la cantidad
de restaurantes que ofrecerán cartas de agua. Un agua equilibrada
se lleva muy bien con platos delicados, con la carne combinan mejor
las de sabor contundente o con mucho gas. Una vez en Valencia, el
Gourmet pudo comprobar al concurrir a un restaurante, aguas de Noruega,
Suecia, El Reino Unido, Irlanda, Francia y Escocia. Llego a contabilizar
treinta y tres marcas diferentes entre las que también estaba,
por supuesto, su predilecta, Acqua di la Madonna, que desde Italia,
de las faldas del Vesubio, y es mucho más potente que una
gasificada.
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